¿Confidencialidad por encima de todas las cosas?

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El caso Edward Snowden que tanto ha dado que hablar y que seguramente seguirá causando mucho revuelo es un hecho que tiene diferentes perspectivas de análisis y que para los apasionados al mundo de la seguridad de la información nos proporciona interesantes reflexiones.

Personalmente una de las cosas que me ha llevado a plantearme este caso ha sido hasta qué punto es cuestionable usar la confidencialidad como arma de estado cuando se abusa del uso para enmascarar acciones o decisiones que pueden suponer el incumplimiento de la legislación. En este sentido, Snowden entendió que ante el dilema de garantizar el secreto o revelar al mundo las tropelías de su Gobierno esta opción era la más justa.

Quizás una de las cosas que más va a costar asumir es que la palabra “confidencial” tiene que ser adecuadamente empleada para que efectivamente sea garantía de secreto. Es habitual pensar que definir o clasificar algo como “secreto”, “restringido” o “confidencial” significa que no se producirá su difusión masiva. Sin embargo, la clasificación de información y la asignación de este tipo de etiquetas significa en el mundo real varias cosas:

  • Habrá un conjunto reducido de personas que tendrán derecho de acceso y consulta de este tipo de información.
  • Se controlarán exhaustivamente los accesos y se robustecerán los mecanismos de identificación y autenticación para garantizar que efectivamente solo el reducido número de personas autorizado tiene la capacidad de procesar este tipo de información.
  • Se aplicarán medidas de protección para el almacenamiento y transporte de este tipo de contenidos siendo el cifrado la herramienta más adecuada.

Sin embargo el caso Snowden como la existencia de Wikileaks ponen de manifiesto que los “secretos de estado” pueden ser una zona oscura que emplee la confidencialidad como tapadera para esconder u ocultar abusos de poder o el incumplimiento de las leyes. El argumento de “Garantizar la seguridad del Estado” supone una tentación grande para aquellos que opinan que el fin justifica los medios. Como bien expresaba el diálogo de la película “Algunos hombres buenos” (A few good men) cuando al final del juicio el abogado interpretado por Tom Cruise presiona en su declaración al Coronel encarnado por Jack Nicholson”, cuando es preguntado por si había activado el código rojo, éste superando su nivel de autocontrol explota diciendo “Vivimos en un mundo que tiene muros y esos muros han de estar vigilados por hombres armados. No tengo ni el tiempo, ni las más mínimas ganas de explicarme ante un hombre que se levanta y se acuesta bajo la manta de libertad que yo le proporciono, y después cuestiona el modo en que la proporciono. Preferiría que sólo dijeras gracias y siguieras tu camino. De lo contrario te sugiero que cojas un arma y defiendas un puesto“.

La caída de las Torres Gemelas cambiaron la percepción del mundo y durante años la seguridad ha estado por encima de todo, incluso del respecto a las reglas del juego. La Patriot Act que sigue vigente permite al gobierno americano acceder a cualquier tipo de información que consideren potencialmente relevante en la investigación de sospechas que permitan evitar el terrorismo. Para ello, la maquinaria tecnológica de USA ha ido cocinando diferentes tipos de estrategias que junto con su supremacía en el campo de las nuevas tecnologías la han posicionado de nuevo como la gran primera potencia mundial que controla el mundo, salvo que esta vez no nos referimos al físico y tangible que todos vemos sino al que circula por cables bajo tierra y que sirven para construir Internet.

En este nuevo mundo USA juega con muchas ventajas. Posee el mayor volumen de empresas del sector (Cisco, Oracle, Microsoft, Amazon, Twitter, Facebook, Ebay, etc.) que se dedican a recoger o gestionar grandes volúmenes de datos que sirven para alimentar la economía del siglo XXI. Tiene legislación como la Patriot Act que permite la injerencia del Gobierno cuando así lo considera oportuno y dada la globalidad del mundo, es posible que todas las comunicaciones pasen en algún momento por puntos que están bajo su control.

Sin embargo, toda esta tan perfecta maquinaria olvidó desde su pedestal que da el poder de saber que todo puede ser visto o escuchado que en seguridad siempre hablamos de “procesos”, “tecnología” y “personas” y como dice el principio del eslabón más débil, “la seguridad será tan fuerte como el más débil de los eslabones”. Seguramente al marcar como “confidencial” tantos documentos olvidaron lo que realmente significa esa palabra para que realmente suponga una protección efectiva. Como hemos empezado diciendo, “confidencial” se vincula a que un conjunto de privilegiados podrán tener acceso y conocimiento de los hechos, pero a su vez también supone lealtad, fidelidad y el compromiso de esas personas en velar por el cumplimiento de mantenerla en secreto. No podemos saber si era o no procedente que Snowden por el cargo que ocupaba tuviera acceso al conjunto de información que fue revelada pero lo que sí sabemos que ocurrió es que el conocimiento de los datos y su significado superó el compromiso de lealtad con su Gobierno. Debemos confiar en que siempre el factor humano puede suponer el mejor contrapoder cuando se producen abusos porque siempre puede existir ese pequeño e insignificante “David” que suelte una piedra con su onda para tumbar a “Goliat”.

Seríamos ingenuos si pensáramos que Snowden puede cambiar las reglas del juego. Ningún país puede renunciar al espionaje, forma parte del “Arte de la Guerra” al que el propio Sun Tzu da una importancia mayúscula en el capitulo 13:

CAPITULO13: Sobre la concordia y la discordia.

La información no puede obtenerse de fantasmas ni espíritus, ni se puede tener por analogía, ni descubrir mediante cálculos. Debe obtenerse de personas; personas que conozcan la situación del adversario. Si no se trata bien a los espías, pueden convertirse en renegados y trabajar para el enemigo. No se puede obtener la verdad de los espías sin sutileza. Cada asunto requiere un conocimiento previo. Siempre que vayas a atacar y a combatir, debes conocer primero los talentos de los servidores del enemigo, y así puedes enfrentarte a ellos según sus capacidades. Un gobernante brillante o un general sabio que pueda utilizar a los más inteligentes para el espionaje, puede estar seguro de la victoria. El espionaje es esencial para las operaciones militares, y los ejércitos dependen de él para llevar a cabo sus acciones. No será ventajoso para el ejército actuar sin conocer la situación del enemigo, y conocer la situación del enemigo no es posible sin el espionaje.

Debemos confiar al menos en que existirán personas con ética suficiente para anteponer los principios morales a su propio interés y que romperán ese blindaje de la “confidencialidad” para revelar situaciones donde el poder cruza demasiado la línea roja y acaba en la rotura de los principios constitucionales. El problema vendrá cuando la sociedad asuma que la seguridad prime por encima de todo y que sean admisibles cualquier tipo de prácticas porque el fin justifique los medios.


Por JAVIER CAO AVELLANEDA

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