Análisis: creencias, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo

Publicado en Misterios y Complots,


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Me topé en la red con un par de interesantes artículos, que a pesar de no estar completamente de acuerdo con algunas cosas no dejo de aplaudir su contexto principal. Se trata básicamente de un estudio de creencias irracionales y conspiranoicas, que involucran a la Universidad de Kent y el libro de Michael Shermer “Por qué creemos en cosas raras”.

Podría destacar algunos puntos, que a mi modo de ver no dejan de asombrarme, como es el caso de las creencias irracionales que han abundado en la historia de la humanidad. Esto me hace recordar el polémico concepto de el “Dios de los huecos“, concepto que se refiere a una tendencia derivada del teísmo que establece que aquello que puede ser explicado por la razón humana queda fuera de la acción divina. Por lo tanto, la acción de Dios queda confinada a los huecos que la ciencia no puede explicar.

Pero aquí no queda la cosa, hay abundantes teorías conspiranonicas, unas más ridículas que otras; pero en algunos casos, podemos encontrar interesantes investigaciones con argumentos sólidos y pruebas irrefutables, pero que lamentablemente han sido tildadas de absurdas.

Así que como vemos en gran parte depende de nuestro punto de vista, y este depende de nuestra capacidad de discernir, que a su vez está muy ligada a patrones como la sociedad en la que crecimos, el entorno en el que nos desenvolvemos y el grado de “instrucción intelectual” al que hemos tenido acceso.

Existen muchas variables cuando abordamos temas de complots, conspiraciones, invasiones extraterrestres, catástrofes de fin del mundo, religiones, dioses y demás temas similares. Al menos desde mi punto de vista, el mantener un equilibrio entre lo absurdo/ridículo y lo “real” es muy relativo, esto dependerá como ya dije, del punto de vista de cada quien. ¿Qué puedo creer y que no? ¿Cómo se que es verdad y que es mentira? son preguntas muy difíciles de responder.

Pongamos como ejemplo a una persona, que ha vivido toda su vida creyendo en Santa Claus/San Nicolás y que éste viaja por todo el mundo en un trineo volador accionado por 9 renos; un día le dices a esta persona que no existe ningún Santa Claus…¿cómo reaccionará? ¿cómo se lo tomará? ¿te acusará de blasfemo? Para un adulto es fácil discernir con total claridad que Santa definitivamente no existe, pero para la mente de un niño no lo es.

Llevemos este ejemplo a otros temas similares, ¿lo entenderemos como adulto o como niños? Es muy relativo, como ya he dicho nuestra posición esta encasillada (si se quiere) con muchos factores en el medio.

Sobre todo en internet, pero también en otros medios, estamos inundados de teorías conspirativas que anuncian desde el fin del mundo hasta la llegada y contacto de seres extraterrestres, pasando por astrologías varias, medicinas alternativas y un largo (largo largo) etcétera de pseudociencias. Y todas con sus acérrimos seguidores. Creyentes en lo irracional a los que poco o nada les importa la falta de evidencias o directamente el carro de pruebas en su contra.

Un primer acercamiento nos indica claramente que tenemos un problema: vivimos en una sociedad constantemente bombardeada por información y una gran parte de esa sociedad no utiliza criterios válidos para procesarla.

No es un problema nuevo, hace 4 siglos Francis Bacon, uno de los padres del método científico ya afirmaba:

“Una vez que ha adoptado una opinión (tanto si se trata de una opinión recibida, bien si se trata de una opinión conforme con él), el entendimiento humano hace que todas las demás cosas le apoyen y concuerden con ella. Y aunque en contra haya un mayor número de ejemplos y sean de mayor peso, los olvida o los desprecia, o también, estableciendo alguna distinción, los desecha y los niega; con el fin de que, por esta gran y perniciosa predeterminación, la autoridad de sus antiguas conclusiones pueda permanecer inviolada (…)

Y es así como funcionan todas las supersticiones, ya se trate de astrología, los sueños, los augurios, los juicios divinos, o cosas de este tipo en las que los hombres, deleitándose en tales vanidades, realzan los acontecimientos que se cumplen, y desatienden y olvidan, pese a que esto ocurra con mayor frecuencia, aquellos donde fallan.” Cita del libro ¿Por qué creemos cosas raras? de Michael Shermer

Lo que sí es nuevo es el estudio sobre creencias irracionales y conspiranoicas realizado por investigadores de la Universidad de Kent y publicado hace unos días en el Social Psychological and Personality Science (SPPS). Los resultados son sorprendentes.

Los investigadores querían saber si el creyente en una conspiración era capaz de creer en otras teorías conspirativas sobre el mismo hecho. Y lo que han comprobado es que no solo pueden aceptar teorías conspiranoicas diferentes sobre el mismo tema sino incluso incompatibles.

Para su investigación han realizado dos estudios diferentes para los que eligieron dos temas controvertidos: Por un lado el accidente que costó la vida a Lady Di y por otro la captura y muerte de Osama Bin Laden.

Respecto a la muerte de la princesa de Gales, los sujetos de estudio (n=137) ofrecieron numerosas teorías entre las que destacan:

  • Que fue asesinada por los servicios de inteligencia británicos.
  • Que fue asesinada por los enemigos de los negocios del padre de Dodi Al-Fayed
  • Que fingió su propia muerte para huir de la presión de la prensa

Los resultados del estudio mostraron que aquellos que creían con más fuerza en que Lady Di fue asesinada por el servicio secreto británico estaban más dispuestos a creer en las otras dos teorías e incluso no tenían problemas para creer en la teoría de que su muerte fue falsa para escapar de los paparazzi.

Es decir, los participantes que con más determinación creían en la conspiración y asesinato por parte de los servicios británicos también eran los más dispuestos a creer que Lady Di está viva y fingió su propia muerte.

El segundo estudio, realizado con 102 participantes, las teorías que se barajaron fueron también muy variopintas aunque destacaban principalmente dos:

  • Bin Laden estaba muerto mucho antes de la redada de los marines.
  • Bin Laden no está muerto y sigue con vida escondido en algún rincón del mundo.

Al igual que en el estudio número 1 con Lady Di los participantes que con más determinación creían en alguna teoría también eran los más propensos a creer en la otra, sin importarles que las dos conspiraciones fueran incompatibles entre ellas.

Es decir, aquellos que creían con más firmeza que Bin Laden ya estaba muerto, también estaban dispuestos a afirmar que sigue vivo y coleando por algún lugar del mundo.

Al parecer esto de creer en las conspiraciones es como lo de aquellas famosas patatas que, cuando empiezas, ya no hay stop.

Decía Phil Plaitt que no puedes razonar con una persona que no está usando la razón y es muy probable que estuviera en lo cierto. Desde el pensamiento crítico no es fácil llegar a alguien que posee creencias irracionales precisamente porque ha desechado ese mismo criterio lógico. Es una de esas pescadillas que se muerden la cola: la razón de poco sirve para quien cree por encima de ella.

Me da la impresión que lo que hace falta es un equilibrio exquisito entre dos necesidades contrapuestas: un análisis escrupulosamente escéptico de todas las hipótesis que se nos presenten y, al mismo tiempo, una enorme disposición a aceptar nuevas ideas. Si sólo se es escéptico, ninguna idea nueva calará, uno nunca aprende nada nuevo y se convierte en un viejo malhumorado convencido de que la estupidez gobierna el mundo (y encontrará, por supuesto, muchos datos que lo avalen). Por otra parte, si el pensamiento es virgen hasta la simpleza y no se tiene una pizca de sentido escéptico, no se pueden distinguir las ideas útiles de las inútiles. Si para uno todas las ideas tienen el mismo valor, está perdido, porque entonces, a mi entender, ninguna idea vale nada. Carl Sagan

Somos curiosos los humanos. Buscamos sentido en un mundo extraño, complejo y contingente. Buscamos patrones y hábitos, pero además nos gusta contarnos historias. Llevamos miles de años apoyándonos en mitos y religiones. Una de las razones por las que sigamos adscritos a las ideas mágicas es que el pensamiento científico moderno nació hace unos 200 años mientras que la humanidad tiene unos 200.000.

El pensamiento científico y crítico no surge de manera natural. Son necesarias formación, experiencia y esfuerzo. Como explicó Alfred Mander en su “Logic of Millions” (Lógica para millones): “Pensar es un trabajo delicado. No es cierto que estemos naturalmente dotados de la capacidad de pensar con claridad y lógica, que lo hagamos sin aprender o sin haber practicado. Las personas que no tienen el pensamiento entrenado deberían tener tanta esperanza de aprender con claridad y lógica como las personas que nunca han aprendido ni practicado pueden esperar convertirse en buenos pintores, golfistas, jugadores de bridge o pianistas“.

¿Existen los fantasmas? ¿Existen las leyes científicas? ¿Hay alguna diferencia? Pues por supuesto que la hay. Una ley científica es una descripción de una acción que se repite regularmente y está abierta a su invalidación o a su confirmación. Una ley científica describe cierta acción de la naturaleza y puede comprobarse. La descripción está en la cabeza; la repetición de la acción está en la naturaleza.

Y podrán decir, ¿qué hay de malo creer en los OVNIs, la percepción extrasensorial, la astrología y la pseudociencia en general? ¿Por qué se empeñan los escépticos en privarnos de diversión? En marzo de 1997, 21 mujeres y 18 hombres de entre 18 y 24 años, aunque había algunos de más edad, pertenecientes a la secta de “Puerta del Paraíso” que creían que los ángeles habían venido de otro planeta protagonizaron un suicidio colectivo. Pero hay más. Así que sí, hay algo de malo en ello.

El escepticismo moderno se identifica con el método científico, que requiere de la recogida de datos para comprobar la validez de algunas explicaciones de fenómenos naturales. Una teoría se confirma cuando existe un consenso generalizado, razonable y relativamente duradero sobre su validez. Pero para la ciencia todos los hechos son provisionales y se pueden poner en tela de juicio. Así, pues, el escepticismo es un método que conduce a conclusiones provisionales.

Ahora bien, ¿por qué la gente lista cree en cosas raras? Tener inteligencia no depende de las rarezas que se crean. No obstante, ser inteligente tiene sus efectos. Las personas inteligentes son más hábiles para justificar sus creencias, pero también pierden capacidad para aceptar las opiniones ajenas. Como dice Michael Shermer: “la gente lista cree en cosas raras porque está entrenada para defender creencias y afirmaciones a las que ha llegado por razones poco inteligentes“.

El libro que mencioné al inicio de éste artículo, “Por qué creemos en cosas raras” es un análisis científico de la psicología que hay detrás de los sistemas de creencias, considerando en particular cómo es posible que la gente se contagie tan fácilmente de las ideas estúpidas de los demás, aunque no haya pruebas, aunque se violen las leyes naturales, aunque se pisoteen las más elementales reglas de la epistemología. Dicho libro puede ser conseguido en librerías u otros medios a través de Internet.


Fuentes consultadas: Wikipedia | Amazings | Historias de la ciencia

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