Cuicuilco: las antiguas pirámides circulares

Publicado en Misterios y Complots,


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Cuicuilco es un muy importante sitio arqueológico mesoamericano del periodo preclásico (700 a.C. a 150 d.C.) localizado en el extremo sur de lo que fue el Lago de Texcoco, en el sur de la Ciudad de México, Distrito Federal. Con base a la anterior cronología, Cuicuilco podría ser una de las ciudades más antiguas del Valle de México, contemporánea, y con probables relaciones con la cultura Olmeca, en la costa del Golfo de México, Veracruz y Tabasco, lo que se conoce como la zona nuclear Olmeca.

Hasta donde se sabe, fue el primer gran centro cívico religioso del Altiplano Mexicano, su población probablemente incluía todos los estratos sociales y rasgos culturales que caracterizarían a las Altépetl (ciudades-Estado) de Mesoamérica Clásica. Cuicuilco fue destruido y abandonado, a partir de la erupción del volcán Xitle, ocasionando migraciones y reacomodos de la población en la cuenca de México, la culminación fue la consolidación de Teotihuacán como centro rector del periodo clásico en el Altiplano Central.

Existen en el sitio 8 de los múltiples edificios religiosos y habitacionales que existieron, e incluso los restos del sistema hidráulico que abastecía a la ciudad. Una de las pirámides fue construida en una posición estratégica, representando el primer intento entre los pueblos prehispánicos por relacionar los conceptos religiosos con el acaecer cósmico a través de una creación monumental.

Al paso que el azadón del arqueólogo se hunde cada vez más en el pasado, mayor es la preocupación que se respira en el ambiente académico. ¿Que pasaría si, según Velikovsky, somos “un mundo en amnesia“? Este articulo propone que la pirámide mexicana de Cuicuilco – tal vez la más vieja del mundo – constituye la amenaza más grande a los cronogramas establecidos por la Ciencia.

Jorge Luis Borges, uno de los autores de mayor renombre en la literatura tanto hispana como mundial, describió en su relato Las Ruinas Circulares una pirámide circular más vieja que el tiempo, coronada por un templo al dios del fuego. Como si se tratase de una experiencia onírica, Borges guía al lector a través de una aventura metafísica altamente surrealista.

¿Será el monumento en cuestión la impresionante ruina de forma circular conocida como la pirámide de Cuicuilco? Los arqueólogos prefieren olvidarse de Cuicuilco, la gran mole circular que surge del medio de un antiquísimo campo de lava al sur de la Ciudad de México. Las ruinas, según algunos, constituyen “una bofetada en la cara de la historia”. Aún hoy en día, muchos académicos asisten tácitamente a la destrucción del monumento, que se encuentra rodeado de un número cada vez mayor de centros comerciales, viaductos, polígonos industriales y unidades de vivienda. La contaminación atmosférica – uno de los males más grandes que enfrenta la ciudad de México – junto con la amenaza de la “lluvia ácida”, seguramente acabarán con esta “oveja negra”, estorbo a la arqueología, si no llegan a tomarse medidas.

La controversia ha sido ocultada debajo del tapete y no se hace mención alguna del tema. Los turistas no encontrarán tarjetas postales ilustrando a Cuicuilco y las guías de viaje sólo mencionan las ruinas someramente.

No obstante, todos los expertos están de acuerdo en que Cuicuilco es la estructura más vieja en el valle del Anahuac, que aloja a la moderna Ciudad de México, y es la primera construcción monumental en el continente americano. Aunque la información oficial indica que las estructuras de Cuicuilco no datan mas allá del 600 a.C., los textos revisionistas alegan que la pirámide fue construida hace unos 8.000 o 10.000 años, haciéndola casi tan viejas como el “hombre de Tepexpan”, el morador prehistórico más antiguo en Mesoamérica, cuyos restos fueron hallados junto con los de un mamut.

Lo que dice la Ciencia

Cuicuilco mide 17 metros de alto y cuenta con un diámetro de 115 metros; una variedad de rampas ofrecen acceso a su nivel más alto, que alojó en su tiempo un templo con la estatua de Huehueteotl – el “dios viejo del fuego”, la primera deidad adorada en las Américas. La majestuosa pirámide circular se encuentra rodeada de estructuras pequeñas y edificios rectangulares con pisos bien terminados que pudieron haber sido casas.

Vista desde la carretera, o desde la posición ventajosa ofrecida por el centro comercial Perisur, el visitante puede creer que está viendo una fortificación del tipo construido por los celtas.

De acuerdo con el historiador Stuart J. Fiedel, entre 5.000 y 10.000 habitantes ocuparon Cuicuilco durante el Primer Periodo Intermedio 2 (650 – 300 A.C.) y que la región aledaña contaba con unos 75.000 habitantes.

La población aumentó considerablemente durante el Primer Intermedio 3 (300 – 100 a.C.), alcanzando los 145.000, con veinte mil de ellos ocupando Cuicuilco y el resto situados en Teotihuacan.

El sitio arqueológico de Cuicuilco ha producido figurillas de barro que reflejan una serie de bailarines, acróbatas y músicos, al igual que máscaras ceremoniales seguramente empleadas por los shamanes y actores para representaciones de ceremonias sagradas. Existen motivos para pensar que esta cultura alcanzó altos niveles de especialización y que contaba con albañiles, ladrilladores, administradores, sacerdotes y burócratas.

La comunidad circundante a la pirámide incluía entre 400 y 500 viviendas aglomeradas en grupos de tres a seis. Se piensa que los ocupantes de las agrupaciones representaban los linajes o jerarquías conforme a su descendencia de la estirpe del jefe de la tribu. Sin embargo, no existe suficiente diferencia entre las riquezas descubiertas en las tumbas o en el diseño de las casas para afirmar a ciencia cierta que existían diferencias marcadas de “status”.

La vida de los prósperos y pacíficos habitantes de Cuicuilco tocó a su fin cuando el Ajusco – una cima de 2.000 metros de altura localizada en la misma cordillera que el volcán Popocatepetl – inicio su actividad volcánica. Los terremotos que abatieron el valle del Anahuac hicieron que se abriese un enorme agujero en la tierra: un volcán más pequeño conocido como Xitle, que arrojó marejadas de lava que destruyeron a la cercana Copilco antes de inundar a la misma Cuicuilco. Los habitantes de la región huyeron ante la destrucción, dejando atrás un campo de lava de 128 kilómetros cuadrados conocido hoy en día como El Pedregal.

Pero hoy, siglos después de la destrucción original, un nuevo cataclismo se cierne sobre Cuicuilco.

En junio de 1997, el Grupo Financiero Imbursa recibió la aprobación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para emprender la construcción de un moderno complejo de oficinas adyacente a la pirámide.

El proyecto incluye una torre de veintidós pisos y un estacionamiento para 1.500 automóviles. Los arquitectos del proyecto insisten que el diseño de su proyecto tomará en consideración la importancia arqueológica de la zona, pero en comentarios vertidos en el rotativo La Jornada (3/VII/97), un comité de vecinos afirmo: “La historia terrible y oscura que han tenido los terrenos en esta zona es producto del clientelismo de capitales privados y de la continua entrega del patrimonio cultural por funcionarios vendidos ante empresarios corruptos“.

Lo que no dice la Ciencia

La controversia acerca de la fecha de la erupción de Xitle se ha mantenido en pie por décadas. Los estudiosos del periodo “Preclásico” de México sostienen que la erupción tomó lugar entre 500 a.C. y 200 AD., mientras que los geólogos apuntan que la erupción volcánica tuvo lugar alrededor del año 7000 a.C. – está de más decir que se trata de una discrepancia significativa.

Los esfuerzos por “restaurar” Cuicuilco entre 1906 -1910 conllevaron la eliminación de enormes bloques de adobe de los niveles superiores, pero no fue hasta 1922 que comenzaron en serio las excavaciones arqueológicas, cuando un equipo bajo la dirección del Dr. Byron Cummings de la Universidad de Arizona se lanzó a desenterrar lo que bien puede ser la pirámide más vieja del mundo. Según los apuntes del Dr. Cummings, “una luz muy brillante apareció una noche sobre las ruinas, volando encima de El Pedregal en dirección al cerro de Zacatepec, antes de desaparecer a gran velocidad. Lejos de asustar a los obreros, la misteriosa luz los llevó a trabajar con más ahínco, pensando que la señal indicaba la presencia de un tesoro enterrado”.

Cummings manifestó su interés en los hallazgos del geólogo George Hyde, cuyos análisis del campo de lava comprobaron que éste tenía por lo menos siete mil años de edad. Este hecho comprobaba que Cuicuilco era dos mil años más vieja que la pirámide de Gizeh.

La arqueología insiste que las pruebas de carbono14 hechas a la capa de lava de El Pedregal indicaron una antigüedad que se remontaba sólo al 400 AD., pero sin mencionar que dicha lectura representa la edad de la capa superficial. El Dr. Cummings descubrió en el transcurso de sus excavaciones seis metros de ceniza y sedimentación entre el fondo de la capa de El Pedregal y el pavimento circundante de la pirámide, estimando que la formación de dichas capas habría tomado por lo menos 6.500 años.

La pirámide permanece hoy solo parcialmente descubierta: el resto se encuentra cubierto por un campo de lava de treinta kilómetros cuadrados con una profundidad promedio de ocho metros. El crecimiento de la Ciudad de México hace que la reanudación de las excavaciones sea imposible, y es posible que jamás sepamos qué otro artefacto enterrado nos pueda haber dado mejores indicios acerca del origen de la pirámide circular, su propósito y sus constructores. Los científicos insisten que su conformación circular, única en su clase, es la representación de un volcán. No obstante, la maqueta de la pirámide, localizada en el Museo Nacional de Antropología, llevaría hasta el más desinteresado de los turistas a pensar en la extraña formación circular de ésta.

Algunos criptoarqueólogos (mote dado a los estudiosos de la “arqueología maldita”) como el autor Carl P. Munck, opinan que la pirámide de Cuicuilco, al igual que las pirámides egipcias, era un repositorio de los conocimientos matemáticos de culturas desaparecidas. Munck arguye que la pirámide circular comprueba el conocimiento de las leyes matemáticas y de expresión geodésica de los antiguos Cucuilcanos mediante su localización geográfica, situada a 19ø: 18″=01.05263157894 – diecinueve grados, dieciocho minutos y fracción de segundos de latitud norte de Ecuador – lo que equivale a los 360 grados del arco de un círculo.

Nuestros anaqueles se han llenado de libros acerca de los misteriosos edificios construidos en el pasado olvidado de la humanidad, y la lectura de estos sólo ha aumentado nuestra curiosidad al respecto sin ofrecer respuestas. El mundo de la arqueología está repleto de anomalías que apuntan hacia civilizaciones avanzadas que existieron en épocas mucho más remotas de lo que la ciencia moderna está dispuesta a aceptar. Resulta prematuro e innecesario invocar la participación de los extraterrestres en los logros de estos pueblos olvidados: la humanidad de entonces era ciertamente tan ingeniosa como la de hoy, y estaba perfectamente equipada para hacer el mejor uso de los materiales que tenían a su disposición.

Ignorada por el turismo y mayormente olvidada por el público en general, la pirámide circular de Cuicuilco sigue ocupando un inmerecido puesto en la “lista negra” de la ciencia oficial, junto con otros monumentos cuya única culpa es la de no encajar con los dogmas de los catedráticos. Sin embargo, una ruina del tamaño de Cuicuilco no es un artefacto que pueda esconderse cómodamente en el sótano de un museo, como ha sucedido con numerosos objetos controversiales. Su existencia pone al desnudo la ignorancia de los sabios, así como la sabiduría de aquellos que ven en las ruinas circulares los vestigios de un pasado olvidado que debemos rescatar.


Fuentes consultadas: Cuicuilco: Las ruinas circulares | Wikipedia | Youtube

Cuicuilco: las antiguas pirámides circulares
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