El misterio de el niño de las estrellas

Publicado en Misterios y Complots,


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En 2011, el genetista colaborador del estudio del cráneo del Niño de las Estrellas (Starchild), descubrió que el ADN mitocondrial (la parte del ADN que sólo se transmite a través de la línea materna), era definitivamente diferente del ADN humano. El número máximo de diferencias del ADN mitocondrial entre todos los humanos es de 120. El cráneo del Niño de las Estrellas tiene de 800 a 1.000 diferencias. Este es un resultado parcial, pero suficiente para considerar definitivamente que el ADN mitocondrial del cráneo no es humano.

Pero comencemos desde el principio para entender el asunto haciendo una visita a la historia.

Un mito tarahumara: los niños de las estrellas

Los “rarámuri” (hijos del Sol, también llamados pies ligeros) o tarahumaras ocupan una extensión de montañas y barrancas de la Sierra Madre Occidental que abarca unos 60.000 Km. cuadrados que comprenden 23 municipios en el Estado de Chihuahua (México), desde hace poco más de 1.000 años. Generalmente, los antropólogos han dividido a los grupos tarahumaras en dos zonas principales: La Alta y la Baja Tarahumara, llamadas también “La Sierra” y “Las Barrancas”.

A la llegada de los españoles presentaron una feroz resistencia, protagonizando una de las más grandes rebeliones de Nueva España al oponerse de manera radical a la rígida disciplina de las misiones y a los trabajos forzados en los numerosos centros mineros que los españoles localizaron en tan ricas tierras.

Hubieron muchos alzamientos indígenas en contra de los españoles y las costumbres católicas que los misioneros quisieron imponer, alzamientos que van desde 1616 hasta 1698

Durante los casi 150 años que compartieron con los misioneros jesuitas, los tarahumaras o rarámuri adoptaron la religión y las costumbres cristianas, si bien lograron mantener una mezcla de creencias entre su antigua religión y la impuesta por los conquistadores. Para ellos el mundo fue creado por Rayénari (el Dios Sol) y Metzaka (la Diosa Luna), y hasta el mismo día de hoy en honor de estas dos deidades los tarahumaras bailan, sacrifican animales y beben “tejuino o tesgüino” (maíz fermentado). Sin embargo, producto de la fusión de culturas, el Dios principal o el Dios Padre es Onorúame, una mezcla de Jesucristo y Rayénari, una deidad que ni es “buena ni mala”, que ni es hombre ni mujer, ni tampoco tiene rostro, solo es el creador y el origen de todo.

En una sociedad donde los sukurúame (chamanes) y los owiruame (sanadores) juegan un papel muy importante, multitud de mitos y leyendas conforman las tradiciones de tan singular cultura. Dentro de estos mitos, que curiosamente comparten con otros pueblos o etnias, no ya solo de la misma área geográfica sino de otros puntos de América e incluso del resto del mundo, cabe destacar el que hace referencia a “los niños de las estrellas

En este mito, unos “espíritus” bajan de las estrellas y dejan embarazadas a algunas mujeres que viven en los lugares más apartados y escondidos de las comunidades indígenas. Pasados unos años estos mismos seres o “espíritus” regresan en búsqueda de los niños engendrados, llevándoselos consigo de nuevo a las estrellas.

¿Se puede considerar este mito de “los niños de las estrellas” como el típico relato tradicional de un acontecimiento prodigioso protagonizado por seres sobrenaturales o extraordinarios al cual no hay que darle valor fidedigno alguno?

Recordemos que en anteriores publicaciones hemos hablado de la innumerable cantidad de referencias a “antiguos dioses que bajan del cielo” o “aquellos que vienen de las estrellas”.

Pues bien, en los relatos de esta gente también nos topamos con “aquellos que vinieron de las estrellas”, sin embargo y a modo de comparación con la antigua cultura sumeria también encontramos referencias (incluso en la Biblia cristiana) de que estos dioses provenientes del cielo engendraron hijos con los humanos, algo que encuentro muy significativo de acotar.

El Hallazgo

En el año 1.930 en una de las numerosas cuevas, minas abandonadas u hoyos de las cañadas de las Barrancas del Cobre, área tradicional de los tarahumaras, una niña de 15 años procedente de los Estados Unidos pero de ascendencia mexicana que visitaba a su familia asentada en aquellos parajes, tras ser advertida de lo peligroso de estos lugares, no se sabe bien si por la rebeldía propia de la edad o para refugiarse de una tormenta, se adentró en el interior de una de estas galerías, dónde ante su sorpresa pudo distinguir medio enterrados los restos de dos esqueletos. Uno de mayor tamaño parecía abrazar al más pequeño, del que inicialmente apenas se distinguían las formas, excepto uno de sus brazos que sobresalía de entre las piedras. La muchacha decidió llevarse ambos esqueletos a su casa y procedió a su traslado, si bien pensó posteriormente que dichos restos óseos no serían bien recibidos por sus padres y menos aún por los familiares que les hospedaban, por lo que improvisó rápidamente un lugar donde depositarlos hasta que pudiera recuperarlos definitivamente y guardarlos en su hogar. Lamentablemente el lugar elegido para ocultar los esqueletos quedó muy pronto a la intemperie, quedando expuestos a la dura climatología de la zona. Producto de todo ello sólo pudo recuperar con el paso del tiempo ya en edad adulta, dos cráneos y un maxilar que logró guardar hasta su fallecimiento a mediados de los años 90. Nunca se llegó a conocer con certeza la ubicación exacta de la mina o gruta y ni tan siquiera el nombre de la mujer que durante tantos años custodió tan macabro descubrimiento.

Después de tener los cráneos en una caja de cartón durante algún tiempo un amigo de la fallecida y no sabiendo muy bien que hacer con ellos, el destino quiso que los cráneos pasaran a manos de un matrimonio coleccionista de objetos curiosos y aficionados a la fenomenología OVNI de la ciudad estadounidense de El Paso. Este matrimonio, que sólo tenía las escasas referencias anteriormente mencionadas, estaba fascinado con la apariencia extraña de uno de los dos cráneos. En busca de respuestas que despejasen las incógnitas que les planteaba semejante objeto, decidieron ponerlo a disposición de dos investigadores, los norteamericanos Lloyd Pye y Mark Bean, quienes inicialmente con la colaboración de empresas especializadas en genética como Trace Genetics CA USA y el Instituto Royal Holloway de Londres, junto al apoyo de varios especialista en química, neurociencia y cráneo-fisiología llegaron a determinar que existía una probabilidad cercana al 90% que el extraño cráneo sería de un ser híbrido de madre humana y padre de una raza no conocida. Pero, ¿qué tenía de especial el cráneo para llegar a esa sorprendente conclusión?

Descripción de los dos cráneos

El primero de los cráneos es aparentemente normal y perteneció a una mujer joven, de una edad de entre 20 y 30 años, en cambio, el otro cráneo se le atribuyó a un niño de entre cinco y siete años. A primera vista muestra una serie de alteraciones que no parecen propias de un ser humano. Su morfología es extremadamente extraña, llamando rápidamente la atención el abultamiento a cada lado de los ojos y su parte posterior alargada y aplastada. Además, las cuencas oculares son excesivamente superficiales, de lo que se deduce una falta total de movilidad en los ojos de la criatura. No menos sorprendente resulta observar el denominado foramen magnum, el agujero que se encuentra en la base del cráneo y que lo une a la columna vertical, que se encuentra muy adelantado, casi en el centro de la base. Las pruebas de carbono 14 y ADN, realizadas por el Dr. David Sweet de la University of British Columbia de Vancouver (Canadá), dieron como resultado una antigüedad de 900 años para ambos cráneos.

Cráneo del Starchild (Niño de las Estrellas) por Lloyd Pye

El pequeño cráneo, bautizado con el nombre de “Starchild” (niño de las estrellas), ha despertado un enorme interés científico gracias sobre todo al esfuerzo del investigador Lloyd Pye, que en torno al proyecto creado por él, “Starchild Project”, ha aglutinado a gran número de científicos e investigadores de todo el mundo, con el único objetivo de dar respuesta a éste increíble misterio.

Las anomalías físicas que presenta el cráneo “Starchild”, son muy numerosas y lo hacen totalmente diferente a la de cualquier otro cráneo en el mundo. Dejando a un lado la increíble composición de los huesos, no deja también de llamar poderosamente la atención las inusuales formas del cráneo. Por ejemplo, Las órbitas de las cuencas de sus ojos no se corresponden a la de un ser humano normal. Carece por completo de los senos frontales o del menor signo de pozos (lacunae) normalmente diseminados por toda la superficie craneal, y sucede lo mismo con el arco superciliar, característica inequívoca de los humanos y de todos los primates superiores. También carece de inión (punto más prominente de la parte posterior de la cabeza en el hueso occipital), que se encuentra de igual modo en todos los primates del mundo. Por el contrario, destaca un pliegue a lo largo de la sutura sagital y un enorme tamaño del oído interno impropio en cualquier humano.

El estudio del área craneal donde se alojaba el cerebro determina que era un tercio más grande y pesado de lo que debería ser para su tamaño. No menos raro es el observar la presencia en el maxilar tanto de dientes impactados como de dientes maduros, algo del todo anormal en los seres humanos. Su paladar excesivamente pequeño no es arqueado, sino completamente plano.

No menos enigmático que la presencia de las fibras, es una especie de residuo de color rojo. Dicho residuo está dentro de los agujeros esponjosos del hueso, y hasta ahora no ha podido ser identificado. Ya que las bacterias presentes en un organismo eliminan cualquier materia en los agujeros esponjosos (y no se trata tampoco de sangre coagulada, que es negra, y no sobrevive a las bacterias en acción), se podría especular que el residuo rojo no es orgánico.

La opinión de los críticos

Básicamente se han centrado en señalar la existencia del cráneo “Starchild” desde dos perspectivas: la primera de ellas, como el producto de una deformación patológica natural, y la segunda, un diseño artificial premeditado.

En el primero de los casos se trataría de algún tipo de patología como podría ser la hidrocefalia, derivado de las palabras griegas “hidro” que significa agua y “céfalo” que significa cabeza. Como indica su nombre, es una condición en la que la principal característica es la acumulación excesiva de líquido en el cerebro. Aunque la hidrocefalia se conocía antiguamente como “agua en el cerebro”, el “agua” es en realidad líquido cerebroespinal (LC) – un líquido claro que rodea el cerebro y la médula espinal.

Otra causa podría ser el conocido síndrome de Apert, que se caracteriza por el cierre prematuro de las suturas craneales, lo que hace que la cabeza tome una forma puntiaguda y que se deforme la apariencia de la cara. Es una anomalía craneofacial (cabeza – cara) denominada también Acrocefalosindactilia tipo I. Se producen malformaciones en cráneo, cara, manos y pies, además de diversas alteraciones funcionales que varían mucho de unos niños a otros. Pues bien, tanto la hidrocefalia como el síndrome de Apert provocan graves deformaciones craneales que podrían por tanto ser la causa de las anomalías detectadas en el “Starchild”.

En el segundo de los casos ponen como ejemplo las deformaciones a las que eran sometidos los sacerdotes y reyes en culturas tan distantes como la egipcia, maya y peruana.

También hacen hincapié (los críticos) en algunas contradicciones señaladas por el director del proyecto, Lloyd Pye, sobre algunos de los datos arrojados durante la investigación, motivados según el propio Pye, por la gran cantidad de diferentes métodos de análisis y laboratorios en los que el cráneo “Starchild” ha sido evaluado.

El ya sexagenario Lloyd Pye, psicólogo, investigador, novelista y ex miembro de la inteligencia militar estadounidense, especializado en temas de la evolución humana, mantiene la poco ortodoxa idea de que los humanos no evolucionaron en la Tierra, o por lo menos, que serían el producto de la intervención de alguna civilización de origen extraterrestre. Con semejante aval, es fácil de entender que el camino emprendido por Pye en 1.999, momento en el que inicia su “Starchild Project” no ha sido un camino de rosas entre la comunidad científica precisamente.

La hipótesis de Lloyd Pye

La opinión de Pye sobre el hallazgo del siglo pasado en las cañadas de las Barrancas del Cobre, es que constituye una clara prueba de hibridación entre un ser humano, en este caso una mujer, y un ser extraterrestre. Argumenta Pye que, hace 900 años uno de estos seres extraterrestres a los que los indios denominaban “espíritus de las estrellas” copulo con una humana, una mujer joven tarahumara, o tal vez quizá fue inseminada artificialmente. Producto de tal acción la joven quedó embarazada de un padre no humano, que al final de la gestación crió hasta que, sospechando la vuelta del “padre o espíritu procreador” y ante la negativa de entregarle voluntariamente a su hijo para llevárselo a las “estrellas”, se ocultó con él interior de la gruta. Personalmente cree, por la descripción de cómo fueron encontrados los esqueletos, que la madre mato al niño y seguidamente se suicidó, aunque no descarta que perecieran por algún suceso no previsto, tal como un desprendimiento de rocas o una emanación de gases venenosos. El caso es que los restos de la madre y de su hijo “especial” permanecieron bajo tierra hasta que muchos siglos después la curiosidad de una joven los sacó de nuevo a la luz.

Resultados de análisis

Pye indudablemente se apoya en el elevado número de estudios que han analizado el cráneo y que descartan la posibilidad de que todas las “extrañas anomalías” que en él se detectan sean malformaciones congénitas.
Especialistas como el Dr. Ted J. Robinson afirman que, las partes del cráneo, tienen una configuración natural, (ni han sido ensambladas de forma artificial ni maliciosa) como demuestran los análisis derivados de una minuciosa inspección física del cráneo en sí mismo, combinada con Rayos-X y técnicas avanzadas de Tomografía Axial Computerizada. (TAC). En términos generales, presenta los componentes básicos de un cráneo humano; es decir: (Un hueso frontal, dos esfenoides, dos temporales, dos parietales y un occipital). Sin embargo, esos huesos presentan una configuración y morfología, diferente a la que normalmente muestra un cráneo humano normal. Adicionalmente, sin perjuicio de lo anterior, presenta una configuración simétrica divergente a la humana, y su estructura ósea presenta un grosor, ligeramente inferior a la mitad del que corresponde a los huesos humanos. A diferencia de los cráneos humanos, presenta una configuración uniformemente abultada e en sus ejes y en todos los planos del eje craneal. Carece de las deformaciones asimétricas, tanto en el eje craneal como en el grosor óseo que caracterizan al cráneo humano. Así mismo, se descarta la hidrocefalia como explicación.

Resultados Genéticos 

Los últimos resultados aportados por Pye han sido presentados en la web del Starchild Project en lengua española (http://elproyectostarchild.com), donde se han recuperado los nuevos datos sobre el ADN nuclear que no pudieron recuperarse en 2.003. Cabe recordar que, en dicho año se realizó un tipo de análisis de ADN para recuperar el ADN mitocondrial del “Starchild”, el ADN que se encuentra fuera del núcleo de las células, el cual proviene de la madre y su línea genética. Esto vino a significar que su madre fue humana, pero no pudo recuperarse su ADN nuclear, el que proviene de ambos padres, lo que indicaba que su padre no fue humano.

Como iniciábamos esta publicación, por fin se ha podido recuperar el ADN nuclear, logrando determinar claramente que un porcentaje del ADN extraído del hueso no es terrestre. Según Pye, un laboratorio especializado en genética cuyo nombre permanece en el anonimato por razones de seguridad, ha proporcionado datos muy concretos que afirman que tanto el ADN paterno como el materno podrían pertenecer a una raza alienígena, y que el ADN mitocondrial normal detectado pertenecería a una madre humana que solo realizó la función de “donar” un óvulo desnucleado, sin aportar ADN cromosómico, una técnica realizada hoy en día en laboratorios de avanzada tecnología.

Lo que queda por hacer

Desde un punto lo más objetivo posible no se puede por menos que reconocer que, el tesón demostrado por Lloyd Pye es digno de alabanza, pero aún así queda un último paso, sin duda alguna de gran trascendencia, pues tanto si el “Starchild” es verdadero como si se tratara de un fraude muy bien elaborado, sería puesto inmediatamente de manifiesto en uno u otro sentido.

Se ha sido hecha publica la intención por parte de los integrantes del Starchild Project de proceder a efectuar el mapa completo del genoma del “Starchild”, para lo cual ya han empezado a recolectar fondos con los que financiar tan costoso trabajo.

¿Por qué Lloyd Pye estaría interesado en establecer el mapa del genoma del “Starchild” si todo fuera un simple fraude tal y como le acusan sus detractores?

En lo que todo el mundo está de acuerdo es que cuando el Starchild Project haya reunido la cantidad suficiente de dinero para financiar la elaboración del mapa y se proceda a su ejecución, en muy poco tiempo los resultados podrían significar el fin de la hipótesis de Pye y sus acólitos, pero…, también podría suceder todo lo contario, que dichos resultados supusieran una autentica patada a lo defendido hasta ahora por la ciencia oficial. Sería una prueba veraz e irrefutable de la intervención de seres extraterrestres en nuestra historia.

La ignorancia afirma o niega rotundamente, la ciencia…duda” Voltaire

Fuentes consultadas: Los niños de las estrellas | Starchild Project | Youtube

El misterio de el niño de las estrellas
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