Estonia quiere ser líder mundial en ciberdefensa

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El Gobierno de Tallin quiere seguir siendo pionero en ciberseguridad y planea una estrategia de defensa digital que creará una red de ‘embajadas’ en las que se replicarían las bases de datos críticas que se alojarían en países amigos.

En abril de 2007 el Gobierno de Estonia tomó una decisión que soliviantó los ánimos de muchos nostálgicos. El nuevo Ejecutivo ordenó entonces el traslado desde el centro de la capital, Tallin, a un discreto cementerio a las afueras de la ciudad del monumento en honor a los soldados soviéticos caídos en la Segunda Guerra Mundial. La decisión fue seguida de manifestaciones en las calles estonias y, pocos días después, también de una sucesión de ciberataques, presuntamente procedentes de Rusia, que pusieron en jaque la Administración nacional y a muchas empresas del país.

Los hackers consiguieron con sus sucesivos ataques electrónicos dejar total o parcialmente fuera de servicio las webs de casi todos los organismos públicos, y también de bancos locales, periódicos, agencias de noticias… Todo ello en uno de los países de todo el mundo en que más se utiliza Internet para trámites administrativos y que se ha colocado a la cabeza de los avances en el uso de las nuevas tecnologías para hacer realidad el open government y convertirse en una verdadera e-nación.

El Gobierno de Estonia ha sido pionero en la implementación del voto por Internet, ya en 2005, y también del voto por teléfono móvil, en las elecciones de 2008. El Ejecutivo ha conseguido levantar una administración digital que permite realizar casi todos los trámites por vía electrónica (como, por ejemplo, crear una empresa en 18 minutos) y ha propiciado la creación de centros de negocios e incubadoras de start ups, como el conocido Tehnopol, del que han salido compañías como Skype. Y ahora Estonia, con 1,3 millones de habitantes repartidos en una superficie similar a Aragón o Extremadura, quiere ser uno de los líderes mundiales en materia de ciberdefensa.

Ataques virtuales, efectos reales

Los efectos que tuvieron los ciberataques de abril y mayo de 2007 en Estonia evidenciaron que estas acciones tienen poco de virtual y que sus consecuencias son del todo reales. Unas consecuencias que tienen mucho más calado que los casos populares de robos de fotos eróticas de famosos (tan cacareados en las últimas semanas), ya que se puede poner en riesgo la seguridad nacional tanto con la paralización de la actividad de las administraciones públicas como de las empresas estratégicas de un país.

Estos ciberataques ya colocaron al Ejecutivo de Estonia como uno de los principales interesados en promover la defensa en la Red como uno de los ámbitos cruciales de la seguridad nacional. La tensión creciente entre Rusia y la Unión Europea a cuenta de Ucrania ha hecho ahora que Tallin decida acelerar sus planes en esta materia y se coloque como pionero en dar la batalla contra la ciberguerra.

El Gobierno estonio está diseñando una ambiciosa nueva estrategia de ciberseguridad en la que uno de los pilares será la implantación de una nueva red de embajadas de datos, centros digitales ubicados en terceros países en los que se replicarán las bases de datos fundamentales para que la administración siga funcionando en caso de ataque o catástrofe. “Estonia necesita tener sus datos fuera de nuestras fronteras con el objetivo de salvaguardar buena parte de nuestra soberanía“, ha llegado a decir Taavi Kokta, el responsable de la Oficina de Información del Gobierno estonio.

Información crítica en países amigos

Los planes del Gobierno de Tallin, que ya ha aprobado el proyecto y que ultima las primeras pruebas piloto, pasan por crear una red de centros de datos en países amigos (se barajan como candidatos Reino Unido, Estados Unidos, Finlandia, Japón o Países Bajos, entre otros) en los que se replicarían los sistemas electrónicos y los datos críticos que permitan el correcto funcionamiento del país en caso de contingencia grave. En principio, esas embajadas podrían instalarse en las propias embajadas físicas con que cuenta Estonia en otros países.

No se trata sólo de generar una copia de seguridad de las bases de datos imprescindibles para mantener operativa la Administración (que también), sino que se busca crear un sistema que permita una verdadera nube estatal estonia, que haga posible gobernar el país desde la nube incluso en situaciones críticas. “La idea original es que seamos capaces de seguir funcionando como un Estado, incluso si el territorio de Estonia fuera invadido”, subrayó hace dos semanas Jaan Priisalu, director general de la Autoridad de Sistemas de Información de la república exsoviética, durante la presentación del proyecto.

El objetivo es levantar una arquitectura de sistemas y datos que se estructure en varios niveles complementarios: “El primero y básico es tener copias de seguridad de los datos en otro lugar; el segundo es contar con esas bases de datos en otro país y que puedan ser utilizadas por el sistema nacional; y el tercero es tener un sistema completo operativo y constantemente disponible en otro lugar“, explicó Priisalu. El objetivo último: hacer prácticamente imposible un apagón total de la e-Administración ante un ataque o por cualquier otra situación problemática.

Un Gobierno en la ‘nube’ y seguro

La Administración de Estonia ya cuenta con X-Road, una capa de intercambio seguro de datos a través de Internet entre los distintos sistemas TIC del país, tanto públicos como privados (los de las empresas energéticas, de telefonía, de internet…). Cerca de 180 bases de datos gubernamentales y privadas ua están conectadas a este sistema, lo que permite la prestación de cerca de 2.000 servicios a los ciudadanos y a las compañías del país. Pero ahora con el nuevo proyecto de embajadas de datos Estonia da un paso más hacia su objetivo de garantizar la seguridad electrónica del país y hacer posible un gobierno en la nube también en caso de emergencia grave.

Lo que convierte a las embajadas de datos en algo revolucionario no es su vertiente técnica, puesto que el almacenamiento de información en servidores externos o en la ‘nube’ es algo que se ha normalizado en los últimos años, sino que lo realmente novedoso es que sea un gobierno el que implemente esta solución, replicando buena parte de su información, incluida la sensible y clasificada, en diversas localizaciones físicas fuera del territorio nacional“, subraya en un reciente informe el grupo de estudio Thiber (The Cybersecurity Think Tank), adscrito al Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid [ver el informe completo aquí].

Todos los gobiernos cuentan con copias de seguridad de sus bases de datos críticas, pero en territorio nacional. Y son muchas las empresas que han replicado su información sensible y han migrado sus sistemas operativos en uno o varios países. Pero el salto cualitativo que pretende dar Estonia es que sea la propia Administración nacional la que traslade toda esa información fuera de sus fronteras.

Todos los países deberían -en el corto o medio plazo- aspirar a crear embajadas de datos que permitan funcionar como centros de respaldo en los que se repliquen los sistemas de información y comunicaciones y las bases de datos críticas para el normal funcionamiento del Estado“, sostienen los expertos de Thiber. “La responsabilidad última de la custodia de la información crítica para el funcionamiento de los países corresponde a los gobiernos, ya que los sistemas TIC [tecnologías de la información y de las comunicaciones] y las bases de datos gubernamentales son parte de la soberanía del país“.

Estonia lo tiene más fácil que otros países en esta tarea: su madurez tecnológica supera con mucho la de otros gobiernos y su población es relativamente pequeña (1,3 millones de habitantes), lo que facilita la migración y gestión en la nube de la información, sensible y no sensible. Pero ahora que la ciberdefensa es pilar ineludible de las estrategias de seguridad nacional, no ya del futuro sino del presente, cada vez más países valorarán erigir su propia red de embajadas virtuales en los próximos años. Todo un reto tecnológico y también diplomático en tiempos en que el ciberespionaje se ha demostrado que también puede proceder de los propios ‘países amigos’.


vía Expansión

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